Archivos mensuales: Abril 2014

¿Por qué nos gustan los flashes?

Para los fotógrafos la luz es un tema clave en nuestro trabajo. Es algo que siempre  nos interesa siempre ya que puede ser el factor que convierta una foto simplemente bonita en algo sublime. O todo lo contrario. Por eso hoy nos gustaría hablaros del modo en que nosotros usamos la luz de los flashes.

Hace años no se concebía a un reportero de prensa o un fotógrafo de bodas que no usara flash. Desde los primeros “flashes” de polvo de magnesio que explotaban (literalmente) encima del fotógrafo hasta los grandes flashes redondos sujetos al lateral de las cámaras, todos recordaremos este invento como algo inseparable del fotógrafo profesional. Con el tiempo su indiscutible utilidad hizo que se incorporasen a todo tipo de cámaras, hasta las más más básicas y hoy en día, incluso, a nuestros teléfonos móviles. Sin embargo a nivel profesional, con las mejoras técnicas de las cámaras modernas que pueden trabajar en condiciones de luz realmente baja, su uso es cada vez menos frecuente.

Un flash no deja de ser un aparato que emite luz artificial. Usado de manera directa, produce sombras muy marcadas y su luz es muy blanca y poco favorecedora sobre las caras. Por estos motivos muchos profesionales de la fotografía nupcial renuncian a ellos prefiriendo aprovechar la luz que exista en el lugar donde se encuentren.

A nosotros en cambio no nos gusta renunciar a nada y apreciamos mucho las posibilidades que permiten los flashes.

En las fotografías que os mostramos más abajo podréis ver diferentes usos de la luz de flash. En algunas se ha empleado para crear una luz, bien sea delantera o trasera, cuando el sol ya se había puesto.

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En otras, para crear efectos interesantes, iluminando un bosque por la noche o rebotando la luz contra una pared.

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Y si combinamos la luz del flash teñida de azul con la de las farolas se consiguen cosas como éstas.

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Nosotros no tenemos una fórmula secreta sobre su uso, nos gusta explorar sus posibilidades y los utilizamos como una herramienta al servicio de la historia que queremos contar.

La fotografía no ha cambiado tanto

Por Toni Bonnin.

El padre de mi suegra Thea era holandés y fotógrafo de profesión. Casi cada vez que nos vemos con ella, aparece en la conversación su padre. Me resulta fascinante preguntarle como era ser fotógrafo hace 70 años. A Thea, que le apasiona la fotografía, le gusta contarme detalles sobre el trabajo de su padre, de sus recuerdos infantiles ayudándole a troquelar las fotos, o el recuerdo del olor de los productos químicos que utilizaba para el revelado.

Una de las cosas que más me llama la atención sobre su padre era, según me cuenta mi suegra, el amor que tenía por los detalles y los puntos de vista diferentes. Me cuenta por ejemplo cómo hacía fotos de la hilera de zapatos colocados junto a la puerta esperando a sus dueños, o cómo intentaba capturar la  espontaneidad de las expresiones en sus instantáneas. A veces me da la sensación de que me habla de un fotógrafo contemporáneo. Creo que el foto-periodismo aplicado a la fotografía de bodas por ejemplo, ahora tan de moda, existe desde hace mucho y no es un invento tan moderno.

La imagen destacada del post en la que aparece su padre el día de su boda, aunque evidentemente no es una foto suya, refleja cierta modernidad, por ejemplo en el vestido de la novia, bastante minimalista y similar al de muchas novias que se casan hoy en día, o en el ramo con flores a juego con el vestido. Su padre, así mismo, lleva un traje de corte clásico pero muy actual. Y en cuanto al disparo de la foto, se hizo sin ningún tipo de posado por parte de la pareja. Esa espontaneidad tan en boga actualmente ya existía en los años 30, a pesar de unas limitaciones técnicas que no tenemos hoy en día, como la dificultad para disparar a velocidades altas o la inexistencia del auto-foco.

Ha cambiado la tecnología, ahora podemos disparar casi sin luz, hacer cientos de fotos o iluminar con flashes remotos, pero la esencia de la fotografía sigue siendo la misma. A Eric y a mi nos gusta pensar que nuestro estilo no sigue al pie de la letra las modas , aunque estamos atentos a lo que se hace actualmente. Aspiramos a que nuestras fotos puedan ser igualmente atractivas dentro de 30 o 50 años.

Le he preguntado varias veces a Thea si me podía enseñar las fotos de las que siempre me habla, pero lamentablemente, su padre murió cuando ella era muy joven y esas fotos solo las tienen sus antiguos clientes. Tristemente en aquella época no se había inventado la informática y las fotos solo existían físicamente, en negativos o en papel. Las fotos que veis aquí me las ha proporcionado Thea y aunque la autoría es diversa espero que ayuden a ilustrar el post. En cualquier caso, no pierdo la ilusión de que algún día encuentre en su casa o en alguna de sus hermanos alguna caja llena de fotos de boda.

Los estudios de fotografía, esos lugares tan fríos.

Desde el principio de los tiempos ir a hacerse fotos a un fotógrafo era una experiencia casi tan desagradable como ir al dentista.

Básicamente consistía en ponerse el mejor traje que uno tuviera y entrar en ese lugar frío y anodino que es un estudio de fotografía, quedarse quieto, sin saber qué hacer ni qué cara poner, “mirar al pajarito” y procurar no cerrar los ojos cuando se disparan los flashes.

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Sin embargo hay que reconocer que los estudios de fotografía tienen su utilidad y no es casualidad que la mayoría de los profesionales (e incluso muchos aficionados) deseen contar con uno. Las sesiones de fotos en exteriores son fantásticas, puedes aprovechar la belleza de la luz natural y hay muchos rincones atractivos donde se puede trabajar sin ser molestados. Pero no nos engañemos, en el exterior hace frío en invierno (y calor en verano), hace viento, puede llover y, entre otras cosas, no es el sitio más discreto para cambiarse de ropa.

Un estudio evita todos esos inconvenientes. Es un entorno controlado, acondicionado y con todos los elementos que el fotógrafo pueda necesitar para hacer las fotos que tenga pensadas. Si eres el fotógrafo, es un lugar ideal. Pero si eres el cliente, el que va a estar delante de la cámara, es el último sitio en el que querrías estar si, por ejemplo, eres de los que no les gusta posar. O si no estás muy seguro de tu aspecto. Es el típico entorno en el que jamás pensarías que te vas a poder relajar.

Por eso, en contra de lo que la mayoría de personas creen, no es fácil hacer buenas fotografías de estudio. El fotógrafo tiene de todo, sí, pero hay que saber qué hacer con todas esas cosas. Y lo que es más importante, hay que saber tratar adecuadamente a las personas que están frente a la cámara. Hay que lograr que se relajen, que se encuentren cómodas, que muestren como son realmente (sí en ese sitio tan vacío y delante de esa cámara enorme). En caso contario las fotos quedan, quizá técnicamente correctas, pero frías, sin emoción y sin verdadero atractivo.

En CreativaLente nos esforzamos siempre por crear imágenes, no simplemente bonitas, sino que transmitan emociones. Hace unos días nos propusimos el reto de hacer una sesión de pareja romántica ¡en estudio!. Fuera del habitual entorno natural y sin la ayuda de la cálida luz del atardecer. Aquí podéis ver el resultado de este reto con Ian y Macarena, una pareja de novios muy guapos.

Ellos también nos contaron cómo se conocieron.

La primera vez que se vieron fue en un pub donde Ian estaba de fiesta con sus amigos y Macarena era una de las camareras. Él notó que aquella chica tan guapa no dejaba de mirarle y sonreírle todo el tiempo. Macarena es muy simpática y sonríe a todo el mundo, pero él notaba que aquellas miradas eran otra cosa. Así que cuando fue a la barra para pedir las copas no se lo pensó dos veces. Sin previo aviso, pegó un salto y se lanzó hacia la camarera plantándole un beso en los labios. Y Macarena siguió sonriendo.

Todavía tendrían que pasar unos años hasta que se dieron cuenta de que podían ir en serio. Ian tenía sólo 18 años cuando lo del beso y, aunque Macarena siempre estuvo en un rincón de su corazón, era muy pronto para sentar la cabeza. Ahora su relación es más madura y, viendo las fotos que hicimos con ellos, nadie podrá negar que hacen muy buena pareja.