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Sobre nosotros

El tipo de fotografía que nosotros hacemos, cercana y emocional, nos pedía hace tiempo una presentación más adecuada en nuestra web. La sección “Sobre nosotros” en la que aparecen sendas fotos nuestras y un breve texto no nos parecía suficiente. Sentíamos que necesitábamos mostrarnos más, que quien se acercara a mirar nuestro trabajo tenía que podernos conocer mejor. Y surgió la idea de preparar un vídeo sobre nosotros mismos.

Por otro lado, Toni y yo somos de natural discreto, más de distancias cortas que de grandes discursos. Por esta razón el proyecto se retrasaba. No veíamos el momento de plantarnos ante una cámara y ponernos a hablar de nosotros, de explicar cómo trabajamos para lograr las fotos que hacemos y, mucho menos, ponernos a presumir de lo buenos que somos.

Por fin un día vimos la luz. No íbamos a ser nosotros quienes hablaran de sí mismos, sino aquellos que mejor nos conocen trabajando: nuestros clientes, las parejas que se han casado con nosotros. Así que, aprovechando una de nuestras reuniones posteriores a su boda, les pedimos a unas cuantas que contaran ante la cámara lo que les había parecido la experiencia.

No hubo que pagarles nada para que hablaran en los términos que lo hicieron (en serio jajaja), por lo que les estamos enormemente agradecidos. Escuchar de sus labios frases como “Yo con vuestras fotos me he emocionado” o “Cuando ves las fotos te entran ganas de volver a estar allí” nos llenan de satisfacción porque nos hacen pensar que hemos cumplido con nuestra misión. Que logramos pasar inadvertidos, dejando que los novios vivieran esos momentos “estando en su mundo” y, a la vez, lograr unas fotografías que emocionen, en las que “todo se vea muchísimo mejor que en directo” y que logren contar “la historia de nuestra boda en fotos”.

Gracias de verdad a todos los que habéis confiado en nosotros para un día como ése.

Historia de una foto

Por Eric Parey.

Esta es simplemente una foto hecha en unas vacaciones. Una gaviota posada en la barandilla de la parte alta de Benidorm. Como puede observarse el tiempo no fue muy benigno con nosotros. Aunque la razón principal de ese viaje no era exactamente ir a la playa sino celebrar el 80 cumpleaños de mi suegra, todos juntos, lejos de casa.

La foto no es muy especial, aunque si se repara en algún detalle técnico gana en interés. Para aquellos que tengan afición por la fotografía diré que está realizada con un objetivo ultra-angular (concretamente un Nikon 10-24 mm) y cualquiera que haya tenido la oportunidad de usar una lente similar, sabe que al mirar a través del visor de la cámara, las cosas se ven realmente pequeñas.

El sol se había puesto hacía un buen rato en el mirador de Benidorm y ya regresábamos hacia el coche cuando vi esta gaviota orgullosamente posada en la baranda. Ante el temor a que echara a volar de inmediato, no me atreví a cambiar de objetivo y empecé a disparar desde donde me encontraba. Las primeras fotos fueron decepcionantes porque el ave era para mi cámara apenas un punto blanco lejano. Pero poco a poco me fui acercando y comprobé que la gaviota no se asustaba. Tal vez estaba muy acostumbrada a la presencia de turistas en un lugar tan visitado como ése. O simplemente era una gaviota presumida. El caso es que yo me acercaba lentamente, cada vez un poco más, y seguía haciendo fotos temiendo quedarme sin modelo en cualquier momento.

Debí llegar a estar realmente cerca, no más de un metro y medio, para poder captar a la gaviota al tamaño que aparece en la foto con un objetivo como el que yo llevaba. Y entonces, de repente, echó a volar. Disparé lo más rápido que me permitieron mis reflejos una última foto intentando captarla al vuelo, aunque la baja velocidad que tuve que emplear por lo escaso de la luz, impidió que las alas quedaran perfectamente congeladas.

Entonces me giré y descubrí sorprendido a todo un grupo de turistas que exclamaban un “Oh” con sus móviles todavía en alto. Por lo visto, habían reparado en la pintoresca escena y habían estado haciendo fotos con sus teléfonos y cámaras compactas sin que yo me enterase, ya que se habían mantenido todo el tiempo respetuosamente detrás de mi.

Uno de ellos (británico me pareció) se acercó a mi y me pregunto en perfecto inglés, “¿La has pillado?” Y yo le enseñé esta foto.

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Y el hombre, en un gesto de sincero compañerismo, apretó el puño y dijo sonriente “Yesss”. Fue un curioso momento porque su alegría inesperada me hizo sentirme hermanado de alguna manera con todos los que estábamos allí, con la misma ilusión, intentando retratar a aquella gaviota presumida, sin importar la cámara que tuviéramos en la mano.

Y es que no importa la cámara que tengas en la mano para emocionarte intentando capturar un instante que sabes que no va a durar mucho… por muy presumida que sea la gaviota.

La fotografía no ha cambiado tanto

Por Toni Bonnin.

El padre de mi suegra Thea era holandés y fotógrafo de profesión. Casi cada vez que nos vemos con ella, aparece en la conversación su padre. Me resulta fascinante preguntarle como era ser fotógrafo hace 70 años. A Thea, que le apasiona la fotografía, le gusta contarme detalles sobre el trabajo de su padre, de sus recuerdos infantiles ayudándole a troquelar las fotos, o el recuerdo del olor de los productos químicos que utilizaba para el revelado.

Una de las cosas que más me llama la atención sobre su padre era, según me cuenta mi suegra, el amor que tenía por los detalles y los puntos de vista diferentes. Me cuenta por ejemplo cómo hacía fotos de la hilera de zapatos colocados junto a la puerta esperando a sus dueños, o cómo intentaba capturar la  espontaneidad de las expresiones en sus instantáneas. A veces me da la sensación de que me habla de un fotógrafo contemporáneo. Creo que el foto-periodismo aplicado a la fotografía de bodas por ejemplo, ahora tan de moda, existe desde hace mucho y no es un invento tan moderno.

La imagen destacada del post en la que aparece su padre el día de su boda, aunque evidentemente no es una foto suya, refleja cierta modernidad, por ejemplo en el vestido de la novia, bastante minimalista y similar al de muchas novias que se casan hoy en día, o en el ramo con flores a juego con el vestido. Su padre, así mismo, lleva un traje de corte clásico pero muy actual. Y en cuanto al disparo de la foto, se hizo sin ningún tipo de posado por parte de la pareja. Esa espontaneidad tan en boga actualmente ya existía en los años 30, a pesar de unas limitaciones técnicas que no tenemos hoy en día, como la dificultad para disparar a velocidades altas o la inexistencia del auto-foco.

Ha cambiado la tecnología, ahora podemos disparar casi sin luz, hacer cientos de fotos o iluminar con flashes remotos, pero la esencia de la fotografía sigue siendo la misma. A Eric y a mi nos gusta pensar que nuestro estilo no sigue al pie de la letra las modas , aunque estamos atentos a lo que se hace actualmente. Aspiramos a que nuestras fotos puedan ser igualmente atractivas dentro de 30 o 50 años.

Le he preguntado varias veces a Thea si me podía enseñar las fotos de las que siempre me habla, pero lamentablemente, su padre murió cuando ella era muy joven y esas fotos solo las tienen sus antiguos clientes. Tristemente en aquella época no se había inventado la informática y las fotos solo existían físicamente, en negativos o en papel. Las fotos que veis aquí me las ha proporcionado Thea y aunque la autoría es diversa espero que ayuden a ilustrar el post. En cualquier caso, no pierdo la ilusión de que algún día encuentre en su casa o en alguna de sus hermanos alguna caja llena de fotos de boda.